blog-5novEn ocasiones, entre nosotros como padres y nuestros hijos aparece un tercer elemento que no desearíamos en la ecuación: el miedo.

Tener miedo es algo absolutamente normal en nuestros pequeños. Los miedos son buenos para vivir porque son como señales de tráfico, que avisan de posibles amenazas. Nos ayudan para poner en marcha nuestros recursos y para prepararnos a tiempo para luchar o salir corriendo.

Por eso como padres no nos vamos a preocupar, nos vamos a ocupar. En este sentido, el objetivo no es quitarles el miedo (aunque sea la consecuencia de nuestra ayuda) sino prepararles para enfrentar sus temores; de lo contrario, sólo les presionaremos.

Lo más importante es tener la capacidad de estar con ellos, acompañándoles sin juzgarles ni a ellos ni a sus miedos, estar calmados y sonriendo mientras ellos están a nuestro lado en pánico. Les vamos sosegando poco a poco. Nosotros somos su termostato y les enseñamos a no tener miedo a las cosas.

En el caso de los miedos a monstruos y fantasmas hay algunas frases que pueden ayudarnos a tranquilizarles, al tiempo que movilizamos sus recursos:

  • “Los monstruos amigos de los niños nunca dejan que salgan de las pelis y los dibujos, para que así los niños puedan dormir tranquilos. Así que no te preocupes”.
  • Si son más mayorcitos sobre todo, aunque también si son pequeños, les decimos: “¿por qué crees que viene un monstruo o fantasma?” Si no responden nosotros se lo adelantamos. “Hay niños que creen que vienen los monstruos porque oyen un ruido. A veces dentro de las paredes pasa el agua que sale por el grifo, o hay coches en la calle, o los vecinos hacen ruidos y nos pensamos por la noche que son los monstruos y fantasmas ¡pero el caso es que nunca los vemos!”
  • “Los monstruos y fantasmas no van a venir a ti porque mamá y papá son muy fuertes y les asustarían”.
  • “Yo si un día viene un fantasma le voy a preguntar qué quiere, que si le puedo ayudar en algo”.
  • “Oye tú fantasma, ¿te parece bonito venir por la noche cuando estamos tan cansados y es hora de dormir, a ver qué quieres? ¿Tú qué crees que me diría?”
  • “Tú si viniera uno le dices oye, yo soy un niño y no ayudo a fantasmas así que si quieres algo se lo dices a mi madre y a mi padre, y entonces nos llamas y ya nos encargamos nosotros. ¿Eso te asusta cariño?” Y volvemos a preguntar para tantear.

Es importante ayudarse de la imaginación en niños pequeños ayudándoles a diferenciar la realidad de la ficción poco a poco. Jugar a imaginar cómo lucharíamos o cómo lo haríamos para enfrentar nuestros miedos es bueno para ellos.

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