blog22julio-empatía¿Te son comunes frases del estilo: “es que no me comprende”, “a veces siento que hablo con una pared”, “es que no se da cuenta de cómo me siento” cuando te refieres a tu pareja?

O quizá no repitas estas oraciones, pero tu tendencia (como la de la gran mayoría de los mortales) cuando surge un problema es la de dar instrucciones, soluciones o consejos, decirle a tu pareja lo que tiene que hacer, pedirle cambios o echarle cosas en cara.

Pues tenemos tarea por delante: la de mejorar nuestra empatía. Para enriquecer la relación de pareja es importante mejorar la comunicación y para ello desarrollaremos nuestra empatía, es decir, la capacidad de experimentar lo que el otro siente y de comunicarle que sabemos cómo se siente.

La empatía es el cimiento de toda comunicación y también el imán que une a la pareja. Para que la comunicación se fortalezca necesitamos estar cerca de la otra persona. Si un imán lo colocas lejos, no sirve de mucho, no atrae. Tiene que haber tiempo compartido, presencia y comunicación. Esto es lo que hace que el imán atraiga.

Gracias a la empatía, el atractivo aumenta hacia uno mismo y hacia el otro, cubrimos necesidades propias y del otro y los conflictos se resuelven antes. Hay técnicas muy sencillas para mejorar nuestra capacidad de empatía. Te proponemos las siguientes:

  1. Recrea situaciones y sensaciones que vivisteis en situaciones especiales: el momento en que visteis la cara de vuestro hijo recién nacido, el momento del “sí quiero” en la boda, el momento que sentiste que tu pareja iba a salirse de sus casillas en la última discusión, por ejemplo. Describe las sensaciones y sentimientos por escrito de cada una de estas circunstancias. Pídele a tu pareja que haga esto mismo, que recuerde las situaciones y le dices los sentimientos que has apuntado y compruebas hasta qué punto has logrado empatizar.
  2. Escucha al otro sin darle consejos ni intentar cambiar su estado. Acéptale tal cual está y tal cual es, sin reproches y sin dar una solución inmediata, sin juzgarle ni etiquetarle, aunque haga cosas que tú nunca harías. Evita frases del tipo “si es que no tienes que hacerle caso”, “hombre, ¡si es que son niños!” o “es que ya lo sabe, para qué voy a decírselo”, y apuesta por respuestas como “cariño ya veo cómo te sientes, ya veo que esto ha debido ser muy difícil para ti”, “debes de haber estado encantado”, “qué ridículo te habrás sentido”, entre otras.
  3. No hagas el espejo. Una cosa es empatía y otra cosa es inundarse o contagiarse de cómo se siente la pareja; por ejemplo si es mal humor, si el otro se irrita, nosotros no nos irritamos. Una empatía exagerada se llama personalización.
  4. Saber empatizar con lo positivo, con las alegrías y las ilusiones del otro. Desecha comentarios tipo “No es para tanto, eres una ilusa”.
  5. Empatiza con los sentimientos desagradables del otro. Propón una actividad relajante para compartir, mover el cuerpo en pareja, puedes decir “¿te parece que demos una vuelta y hablamos?” o bien, “me hago cargo de cómo te sientes, ¿te parece bien que hablemos mañana?” si crees que no es el momento adecuado.
  6. Empatiza con el cuerpo. Mira el corazón del otro antes que el enfado. Anímate a coger de la mano, dar un abrazo, sonreír, mirar a los ojos, acercarte a la persona y cogerle de los hombros si está enfadado. ¡Descubre el poder calmante que tiene un abrazo!
  7. Ofrece ayuda sin imponerla. Pregúntale a tu pareja: “¿Te puedo ayudar en algo?”.

Y recuerda: la capacidad de empatía suele disminuir en épocas de tensión. Es más fácil cuando las cosas van bien, pero requiere más esfuerzo y dedicación cuando van mal.

 

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