blog-14octubreOlvídate de las rabietas, de los manotazos a la cuchara, de los castigos cada vez que la verdura o el pescado presiden la mesa. Enseñar a nuestros hijos a comer y a adquirir hábitos saludables sin peleas ni desgaste innecesario de energía no es misión posible. Y es más que necesario: a partir de los 10 años va a resultar más difícil que cambien sus hábitos al elegir los alimentos y decidir lo que les gusta y lo que no, por lo que se hace fundamental que desde sus primeros años aprenden a comer de forma sana.

Por otra parte, la hora de la comida es para nuestros pequeños mucho más que un momento meramente nutricional. Los niños aprenden a comer a la vez que aprenden a estar tranquilos o tensos ante la comida, a tener mejores o peores modales, a mirarse a los ojos y compartir experiencias, a sentirse queridos o a sentir que son una molestia, etc. Es decir, mientras les enseñamos a comer, estamos actuando también sobre su autoestima, su independencia y desarrollando su capacidad para cuidarse.

De este modo, según nuestros niños van creciendo les vamos a ir enseñando a respetar su cuerpo y sus sensaciones, sus preferencias. No obstante, en los primeros años ni puede ser todo libertad (porque habría alimentos que ellos nunca probarían) ni tampoco todo obligación y presión porque les hacemos asociar la comida con malestar. Es conveniente que el tiempo de comer sea placentero. Pasar de la imposición, la lucha o la batalla, a un juego, un momento divertido.

Éstas son algunas reglas de oro para hacerlo posible:

  • El paso de la leche, sea materna o no, a otros alimentos debe ir acompañada de mucha paciencia. Es bueno vivirlo como un proceso que requiere varias etapas y lleva tiempo.
  • Es conveniente que estemos preparados para realizar pruebas, combinaciones, mezclas diferentes en los purés, cambio de una fruta o verdura por otra que le guste más… El sabor, el olor, la vista y la textura de los alimentos están muy unidos.
  • La variedad de alimentos es importante para que la nutrición sea correcta, adaptándolos a cada niño. Podemos incorporar los cereales integrales y legumbres y reducir las harinas refinadas que apenas alimentan y engordan.
  • Es bueno camuflar los alimentos que no le gustan con los que le entusiasman y no repetir la misma manera de preparar un plato, si no le gusta al niño ese alimento. Se puede cocinar con puré de patata, con bechamel, con queso de untar etc., y en proporciones muy pequeñas, al principio.
  • Es fundamental predicar con el ejemplo. Los niños aprenden mucho imitando y si ven que el padre o la madre no come o se deja en el plato una verdura, carne o pescado y la sustituye por otro alimento, ellos van a querer hacer lo mismo.
  • Lo mismo ocurre con los modales en la mesa: ellos van a aprender imitando a los adultos que les cuidamos.
  • Ser creativos. Utilizar la imaginación. La presentación del plato nos influye a todos. Le transmite un clima lúdico, divertido.
  • Ser prácticos. Cocinar ciertas cantidades de alimentos y congelarlos, nos permitirá ser más rápidos a la hora de preparar comidas y cenas sanas y caseras.
  • No comer viendo la TV, que permitirá entre otras cuestiones que los niños sientan su sensación de estómago lleno cuando ocurra.
  • No forzar al niño/a a “dejar limpio el plato” ni premiarle por terminar la comida con más alimentos, por ejemplo de postre, porque con frecuencia les inducimos a sobrepasar su señal de saciedad.
  • Comer juntos, al menos una vez al día, compartiendo amor, conversaciones y enseñando buenos hábitos. La hora de comer o cenar, puede ser una estupenda hora familiar.
  • Es bueno que ayuden a preparar las comidas.

En la próxima entrada de Psicología Perinatal hablaremos de trampas y trampolines, con ejemplos muy concretos, que nos van a permitir salvar situaciones indeseables en las comidas, como pataletas.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *